10.10.05

Andenne

Bueno, recuperado ya del panegírico que acabo de escribir, volvemos al mundo del friki. Ya estamos viajando de vuelta, y el de hoy es un giro, un viaje de lo más agradable. En concreto vamos hacia Andenne, un pequeño pueblo de poco menos de 9.000 habitantes, a 78 km de Bruselas y algo más de 20 de Namur.

El trayecto en tren desde Bruselas es de una hora y media, con un transbordo incluido, y de lo más agradable para una mañana de domingo otoñal, con los rayos del sol iluminando los bosques, ríos y praderas que se ven desde el tren. Con la temperatura justa como para que resulte agradable apoyar la cara sobre el frío cristal de la ventanilla.

La primera impresión al llegar allí y buscar el centro en el que se celebra el Festival de Cómic (que es, por si aún no lo habíais adivinado, el motivo que me llevó a esos andurriales) fue un poco decepcionante. Sabía que la lista de invitados incluía más de 40 nombres, y no me quedaba a mí muy claro dónde iban a meter semejante cantidad de gente... más que nada porque las dos tiendas de color amarillo y blanco en las que te daban la bienvenida eran más bien cutrecillas, la verdad.

Claro que muchas veces las apariencias engañan, y afortunadamente éste fue uno de esos casos. Las carpas amarillas, llenas a rebosar de cajas con tebeos y puestos de venta, no eran sino la entrada a un recinto mucho mayor, un edificio que tenía pinta de pabellón polideportivo y en el que, aparte de los 40 con sus mesas, colas y dedicatorias, había un taller de cómic para niños, una exposición con los ganadores de un concurso de historieta para jóvenes, un par de mesas más en las que se vendían revistas, ilustraciones y pósters. Vamos, que, como en botica, había de todo, desde autores casi inéditos en Bélgica hasta gente como Yves Swolfs, que goza de una enorme popularidad y una ingente obra.

Entre los autores noveles cabe destacar a la gallega Emma Ríos (Galicia Calidade, ya deberíais saberlo). Con tan sólo unas páginas publicadas en este país, Emma tenía una cola de gente bastante considerable, y, por lo que comentaba, bastantes ilusiones puestas en un par de proyectos que empezaron a cuajar en el Festival. Aquí abajo la tenéis en un momento de las dedicatorias.

A continuación, uno de los puestos de venta de tebeos. Éste en concreto estaba en un pasillo lateral que llevaba al recinto polideportivo.

Una de las iniciativas que más me gustó: el rincón de lectura. Aunque en esta foto no se ve demasiada gente, el flujo de niños era constante... no veáis lo bien que sienta ver niños en un evento comiquero, la verdad.



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