10.7.06

Tebeos de la infancia


A lo largo de la semana pasada me fui encontrando en distintas bitácoras de amigos y conocidos una iniciativa que me parece muy interesante. Cada uno de ellos recordaba y compartía los tebeos que les marcaron en la infancia. No se trata de que fueran obras maestras, sino aquellas historietas que, por una razón u otra, se quedaron grabadas a fuego. En mi caso son bastantes las que me vienen a la cabeza... a bote pronto, Bermudillo y su hatillo, Johann y Pirluit, Mortadelo y Filemón, por supuesto, los Don Miki de Montena, los tomos de Famosas Novelas (y los que adaptaban las novelas del Oeste de Karl May), los de Películas... pero hay sobre todo tres comics que me engancharon definitivamente a las viñetas.

El primero recuerdo haberlo leído en la revista Tintín que publicó Bruguera en los ochenta y que recogía un montón de series del mercado francés. Entre ellas una historia que recuerdo muy vagamente pero en la que pienso con relativa frecuencia. Creo que el dibujo era de Hermann y sé que contaba la historia de varios personajes, entre ellos un chaval joven y medio asilvestrado y un misterioso caballero que llevaba siempre un casco para ocultar su deforme rostro. Recuerdo algo más acerca de un paisaje nevado, una torre, una jauría de perros y un combate... si estas pocas pistas sirven a algún lector identificar la historia, que me diga el título, por favor.

El segundo un tebeo de La Masa recogido en un tomo de Pocket de Ases en el que Hulk se pelea con un extraterrestre que sólo quiere recoger muestras de la tierra para salvar su planeta moribundo y que al final consigue su objetivo gracias a unas muestras de tierra que recoge de las uñas de una Masa inconsciente. Si mal no recuerdo, el guión era de Bill Mantlo y el dibujo del nunca bien ponderado Sal Buscema (pero cito de memoria, que presté ese tebeo en su momento y... nuca más se supo).

Y el tercero no es un sólo tebeo sino cinco o seis. Uno de aquellos tomos recopilatorios de Surco, con una portada de cartoné rojo y una ilustración de Ka-Zar y Zabú que me tenía hipnotizado. Dentro, una de las mejores sagas que recuerdo: Bruce Jones nos cuenta la historia de Shanna, Ka-Zar, Zabú, la Reina Leanne, Derek y un sinfín de personajes más. El dibujo de Brent Anderson nos llevaba por todos los rincones de la Tierra Salvaje, nos presentaba los distintos triángulos amorosos que se iban montando cada dos por tres, y, además, le quedaba tiempo para discurrir una explicación a la Divina Comedia de Dante que me parece absolutamente sublime (según Jones, el supuesto infierno que visita Dante persiguiendo a Beatriz no es más que un parque de atracciones de la Atlántida... sé que suena raro, pero estaba muy bien). El desarrollo de aquellos seis números se me quedó grabado. Yo también quería tener una esfera de cristal en la que hubiese mantícoras, grifos y demás seres mitológicos, recorrer las montañas heladas buscando a Shanna... recuerdo sobre todo el número en el que Shanna hace un análisis de los sueños de Ka-Zar...

También perdí aquel tomo de Surco y aunque años más tarde me he hecho con los números originales (y pude saber, por fin, cómo terminaba la historia de Belasco) sigo con ganas de hacerme de nuevo con un ejemplar de aquel tomo de Surco. Si algún lector tiene una copia de la que quiera deshacerse, que sepa que aquí tiene un seguro comprador.

3 comentarios:

El editor breve dijo...

La serie por la que preguntas era TETFOL y el dibujante no era Hermann sino ERIC. La aventura concreta de TETFOL era EL GUERRERO QUE BUSCA LA INMORTALIDAD y la puedes encontrar en el TINTÍN 16.

Hay otra aventura suya, EL PRÍNCIPE DE GEVAUDAN, en los TINTÍN 19 Y 20 (que deben de completar un álbum de 46 páginas con la anterior).

Me debes una Estrella de Galicia. También me vale una sidriña pasado mañana o al otro.

fnaranjo dijo...

Tomo nota y te enlazo el post.

Por cierto... de Hulk (bueno, de La Masa) también tengo yo mi tebeo nostálgico. En Vértice, que tengo más años. Betty Ross se transformaba (estas cosas de la radiación gamma, ya te harás cargo) en La Arpía, y le crecían alas y garras de águila, y una mala leche cósmica. Y se pegaba con La Masa, como es de ley.

Estoy seguro de que las tintas eran de Severin (o de su hermana, en todo caso). Imagino que el lápiz debía ser de Trimpe.

Ejem.

Diego dijo...

Editor Breve

Ni te imaginas la ilusión que me hace esa información. Ahora a ver si hay suerte y me hago con las aventuras de Teftol cuando vuelva a Bélgica

Mr. Naranjo

Gracias. Tanto por el enlace como por la anécdota. Años más tarde también yo recuerdo leer aquel tebeo...