Mostrando las entradas con la etiqueta Viajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Viajes. Mostrar todas las entradas

29.5.07

Fotos Sueltas

Sí, son fotos de Croacia. Fotos que me quedaron colgadas por ahí (entre los cientos que saqué) y que me apetece colgar de todas formas. Así que ahí las tenéis.

La primera, sacada en la plaza central, de un horno portátil. De lo más curioso, la verdad. Y supongo que tradicional. Ah, y el pan sale bien cocido de dentro...



El póster promocional de Spider-Man 3 en un cine de Zagreb. Perdón, el póster de Cojvek Pauk 3...



Este hombre es, para mí, uno de los verdaderos padres del siglo XX. Descubridor de la corriente alterna, enemigo irreconciliable de Edison, visionario y un poco chalado, Nikola Tesla es un tipo cuya biografía merece la pena descubrir...



Uno de los muchísimos graffitis que decoran buena parte de los muros de la capital croata. Y no os creáis que es un ejemplo extraordinario... son casi todos de la misma calidad o superior...



Y un ejemplo de las estatuas que adornan los tejados de muchos de los edificios oficiales construidos durante el régimen de Tito. Este ejemplo concreto a mí me hace pensar en el Búho Nocturno de Watchmen...

25.5.07

Croacia 5

El sábado fue lo que tenía que ser. Un día de relax total y absoluto. No podía ser de otra manera, de verdad, no si te levantas por la mañana y lo que ves desde la habitación del hotel es esto



Bueno, eso es lo que se veía si echábamos la vista al frente. Si mirábamos hacia abajo, veíamos esto



Y en esa piscina estuvimos haciendo tiempo hasta que fue bajando, poco a poco y en muy distinto estado de forma, todo el mundo. Por cierto, que os aseguro que pocos espectáculos más apabullantes he visto en mi vida que Esad haciendo una 'bomba' para tirarse al agua. Salpicó hasta el bar del hotel...

Cuando por fin nos decidimos a bajar a la playa, todos se preocuparon por advertirme de que el agua estaba helada, que no era normal a estas alturas del año, que menuda pena que no pudiese disfrutar del Adriático (la parte del Mediterráneo, por cierto, con el agua a mayor temperatura). Un chasco, vamos. Hasta que me dio por acercarme a la orilla. Yo entiendo que, para alguien acostumbrado al Mediterráneo, el agua pudiera parecer fría, pero, coño, que yo me he bañado desde pequeño en la costa gallega, en playas que dan al Atlántico y que, aunque son preciosas, en ocasiones hacen que salgas de color azul incluso en pleno mes de agosto. La playa de Makarska era casi como una bañera. Y, ante la incredulidad de los locales, me tiré de cabeza a aquellas aguas transparentes. Menuda gozada.

La siguiente sorpresa, después de la de la temperatura del agua, fue el grado de salinidad. Casi no costaba esfuerzo alguno hacer 'el muerto'. La concentración de sal es tan elevada que prácticamente te empuja hacia arriba. Buf. Las dos de la tarde, un sol suave, los ojos cerrados, los brazos extendidos, la punta de los dedos de los pies sobresaliendo en la superficie, el agua en los oídos, aislándome del mundo... el paraíso.



Y después de una mañanita en la playa, qué mejor que un pescado a la plancha junto al mar. Ñam. La mejor lubina que he comido en muchísimo tiempo. Si alguna vez vais por Makarska (nunca se sabe) tenéis que ir al Restaurante Victoria y probar la lubina. Ya me lo agradeceréis...



Por cierto, que toda esta zona de la costa está perfectamente resguardada por las montañas a su espalda y una cadena de islas al frente. Es como una franja de agua azul y muy salada en la que casi no se ven olas, ni movimiento. Calma chicha. Vale que la falta de viento y olas implica que tampoco hay mucha erosión y más que arena te encuentras con auténticos guijarros, pero bueno. Acercarte a un pantalán, darte la vuelta y ver una cordillera que casi parece que avance hacia ti impresiona mucho



El resto de la tarde lo pasamos de terraza en terraza, charlando, buscando rakia de la buena (¡la encontré! Sí, sí, de la que tiene la pera dentro de la botella), haciendo bromas, una visita rápida al salón para la charla de Matt y Giulia... Dejé la maleta hecha al salir del hotel, y después de cenar nos fuimos al mismo garito de la noche anterior, aunque no lo parecía. De la tormenta del viernes por la noche a una cálida brisa el sábado, con proyección de imágenes en una pared en la calle, música croata, unas cuantas copas, Esad y Mish (creo que se escribe así el nombre) llamándose 'Comandante' (en castellano en el original) el uno al otro... malditas las ganas que tenía de largarme.



Pero había quedado a las cuatro de la madrugada con el taxista que tenía que llevarme a Split. En un principio Esad me había asegurado que habría alguien de organización para acercarme al aeropuerto, pero yo tenía claro que iría en taxi. Como es lógico. Así que reservé uno para las cuatro de la madrugada, como os digo, y me despedí de mis compañeros de viaje de los últimos cinco días. Maldita sea, cinco días nada más pero anda que no me costó marcharme. Eso es lo bueno de los viajes. Descubrir cosas nuevas aunque suenen a conocidas, verte en situaciones diferentes, conocer otras culturas (y gastronomías, y bebidas, y...) Por eso me gusta viajar.

Esas eran mis reflexiones de madrugada durante el trayecto en taxi (mientras charlaba en alemán con el taxista...). Y las del vuelo de vuelta de Split a Zagreb y de Zagreb a la supuesta capital de Europa...

23.5.07

Croacia 4

La mañana siguiente empezó como os podéis imaginar. Bueno, no, no tanto, malpensados. Quiero decir, que no teníamos tanta resaca ni nada, pero sí bastante cansancio. La falta de sueño es lo que tiene. Matt y Nara fueron a buscar el coche de alquiler (un monovolumen de esos de siete plazas en realidad) mientras yo ordenaba un poco el piso y eso, y en torno a mediodía salimos a buscar a Esad y compañía. Obviamente el ritmo era un poco lento esa mañana, y se notaba.

No hizo falta casi ni decir que lo de la excursión se fue al garete antes siquiera de empezar el viaje. Así que paramos en un súper para hacer acopio de líquidos y nos pusimos en marcha... hasta que, al salir de Zagreb, Matt se dio cuenta de que se había dejado la cartera en casa (además de un par de cosas más) y dimos media vuelta. Al final empezamos el viaje en torno a la una y media largas. Pero ya estábamos en marcha.

La primera parte del viaje nos llevaba hacia una cadena de colinas que empezaban a surgir poco a poco desde las afueras de Zagreb. La autopista atraviesa una llanura semejante a la meseta, pero muchísimo más verde. Desde la carretera se ven bastantes pueblos y casas, y la pregunta inevitable acabó por surgir en el coche. ¿Qué zonas del país quedaron realmente afectadas por la guerra? Durante un buen rato la conversación tomó un cariz un tanto... no diré tenso, pero sí bastante más serio (Esad, a fin de cuentas, participó en el conflicto), pero tampoco duró demasiado.

El trayecto nos llevó hasta los pies de la cordillera que separa la llanura central de la costa, y llegados a este punto decidimos parar a comer en una estación de servicio, que ya había hambre. Las montañas actúan casi como un punto de anclaje de las nubes y, a pesar de que no son los picos no son lo suficientemente altos como para que las nubes choquen contra ellos y se encuentren una barrera física, sí que generan la suficiente diferencia de presión como para que no sigan avanzando.

Atravesamos, después de comer, el segundo túnel más largo de Europa (seis kilómetros y pico... hay que reconocer que impresiona) y al salir nos encontramos con que la temperatura había aumentado unos 10 grados, que soplaba el Bura (un viento muy traicionero con rachas realmente fuertes y que nos obligó a levantar el pie del acelerador) y con un paisaje puramente mediterráneo ya. Adiós a las llanuras verdes, a los árboles altos y demás y hola a un terreno más pedregoso, arisco, con arbustos, pinos, árboles bajos. Semejante al de algunas partes de Mallorca o de la costa catalana, para que nos hagamos una idea.

Y adiós también a la autopista una vez llegamos a Split, claro. Nos esperaban cerca de setenta kilómetros de estrecha carretera costera que, por lo menos, nos permitió ver algunos pueblos realmente pintorescos. Total, que llegamos al hotel (a unos 4 km de Makarska) con el tiempo justo de dejar las maletas, largarnos a devolver el coche de alquiler y llegar a la inauguración del Salón del Cómic de Makarska, uno de los pocos que hay en Croacia y que celebraba este año su segunda edición.

Esad me lo había descrito como 'el Avilés croata' y no le faltaba razón. Por lo que pude ver en los días que estuve allí, el espíritu era bastante semejante. Autores y aficionados se mezclaban y confundían, cierto, pero también es verdad que a veces era incluso difícil saber quién era autor y quién aficionado. Quiero decir que no es que la industria del tebeo croata sea muy boyante, por lo que pude ver, y cuesta saber quién se dedica profesionalmente a esto de las viñetas y quién no. Makarska es el segundo salón más importante de Croacia, va por su segunda edición y era imposible prácticamente encontrar material autóctono. Si querías comprar algo, sólo encontrabas tebeos extranjeros traducidos (entre ellos, por cierto, los últimos álbumes de Sergio Bleda para Francia o buena parte de la obra de Bernet, por el que parecen sentir especial debilidad... sobre todo un serbio -sí, serbios y croatas se habrán pegado hasta en el cielo de la boca durante años, pero si de cómics se trata, las nacionalidades les dan igual... como tiene que ser- que me ofreció dinero por conseguirle un dibujo del autor catalán).

Vamos, que los frikis somos frikis en cualquier parte del mundo. Está claro. Y si no os lo creéis, aquí van unas cuantas fotos (sacadas con el móvil, eso sí, así que disculpad la calidad) que lo prueban.







Para acabar de concretar las similitudes con Avilés, nos fuimos todos juntos a cenar. Y ya que la especialidad local era el pescado, eso es lo que pedí. Una dorada al horno que no estaba mal pero tampoco era como para echar cohetes, la verdad. Después de cenar, de marcha, y a eso de las tres y pico de la madrugada tres de nosotros emprendimos el camino de vuelta. El día había sido bastante agradable, pero la noche... la noche fue otro cantar. Se desató una tormenta primaveral de esas de mucho viento y lluvia, de rachas de aire que cambian de dirección y te empapan completamente. Y yo, previsor, con pantalones de estos tipo pirata, los que te dejan un tercio de la pierna al aire. Y ni un solo coche en la parada de taxis. Argh. Después de media hora de espera (ya os digo que el hotel estaba como a 4 km del centro) tuvimos la suerte de que pasó en coche el director del festival, y nos llevó al hotel. No veáis las ganas con las que pillé la cama aquella noche...

22.5.07

Croacia 3

Vale, lo del día a día no salió bien. Qué le vamos a hacer. Así que estoy ya de vuelta en Bruselas, dispuesto a rememorar con una entrada cada uno de los días pasados en Croacia. El jueves empezó con mucha calma. Relajado, la verdad (sobre todo considerando las horas a las que nos acostamos el miércoles, pero bueno) charlando con Matt y Nara, viendo cómo trabajaba Hollingsworth (merece la pena... nunca me había dado cuenta del curro que supone colorear una página, ni era consciente de que en realidad son los coloristas los que tienen que jugar con los efectos de sonido, onomatopeyas y demás), escuchando música de gitanos de los balcanes... que curiosamente nos interesaba sobre todo al norteamericano y al gallego, pero dejaba fría a la croata. Una mañana sin prisas, vamos.

Así que no volví al centro de Zagreb hasta poco después del mediodía. Me había recorrido ya buena parte del centro durante la jornada anterior, pero me apetecía volver y acabar de ver la zona del casco antiguo y sacar fotos de algunos de los sitios que más me habían llamado la atención (breve inciso, tras lo que algunos conocen como el incidente de Spa, mi pobre cámara ha decidido fenecer tras más de tres años de fieles servicios. Descanse en paz).

Decidí acercarme al centro en tren y no en tranvía y autobús, y me sorprendió el aspecto de la estación central de Zagreb. No por nada sino porque, de nuevo, no me imaginaba así la principal estación de ferrocarril de una capital europea.



Nada más salir y recorrer un par de cientos de metros me di cuenta de que, a diferencia del día anterior, ya tenía puntos de referencia. Que no digo que conociese ya el centro a la perfección, ni mucho menos, pero sí que, por lo menos en aquella zona, sabía ya orientarme y hacia dónde ir. Y eso nunca está de más.

Así que me dirigí de nuevo hacia la calle de Nikola Tesla (el tipo que descubrió la corriente alterna y el motor de inducción, allá por finales del siglo XIX) y de allí a la plaza de las flores. Luego giro a la derecha y de nuevo a la plaza central, la del centro de información turística. Callejeo un rato hasta llegar al mercado y me paso allí un buen rato. Es un mercado de los de verdad, de los de toda la vida, con sus puestos de alimentos varios, de ropa... y se celebra cada día hasta eso de las dos de la tarde. Me senté un rato en una terraza desde la que se dominaba toda el mercadillo y me entretuve viendo a croatas varios realizar sus compras.



Por cierto, que las terrazas en Zagreb molan. Nada de sillas chungas de metal, de las que te encuentras por toda Europa. No. Se gastan unos pedazo sillones y butacas de lo más cómodo. Como si el objetivo no fuese que el cliente se largue lo antes posible, sino que se quede y consuma mucho.



Había quedado para comer (tarde) con Esad, así que iba siendo hora de ponerme las pilas si quería ver algo más de la ciudad. Volví a recorrer algunas de las callejuelas que ya conocía, paseé junto a la catedral y me decidí a subir, por fin, a lo alto de la colina de Gradec, la que acogía al poder civil... y aún lo acoge, porque alberga buena parte de las instituciones del gobierno croata. Para llegar a esa colina hay que pasar por la puerta medieval de la ciudad, al lado de la que está la otra estatua de San Jorge. (Por cierto, que ahí las tenéis las dos... la de primera es la de la Plaza del Mariscal Tito y la segunda, con las flores rojas como si fueran la sangre del dragón, es la de la puerta medieval).





Me llevé una sorpresa al pasar la puerta (es más bien un arco medieval, un espacio bastante más amplio de lo que parece a primera vista... como la entrada a un castillo, que es, poco más o menos, lo que era) porque hay una hornacina y varios bancos... y un montón de gente rezando en ellos. Al parecer hubo un incendio en esa zona hace varios siglos y sólo sobrevivió un cuadro de la virgen con el niño en brazos. Y allí sigue expuesto para que recen sus fieles.

En lo alto de la puerta hay una especie de pararrayos para atrapar a las brujas que quisieran volar por encima y entrar así en la ciudad para sembrar el mal. Me encantan este tipo de tradiciones.

El caso es que subí a lo alto de la colina, visité la iglesia de San Marcos, un par de edificios... bla, bla, bla. Lo que puedes ver en cualquier guía. Y, eso sí, me encontré con una torre desde la que se dominaba prácticamente toda la ciudad. Así que arriba me fui, a sacar esta serie de fotos...







Entre una cosa y otra me habían dado algo más de las tres y media de la tarde (hora a la que había quedado en hablar con Esad, que estaba en su estudio trabajando en las últimas páginas del proyecto de Estela Plateada -con guiones de Straczynski- en el que está trabajando) así que le pegué un toque a Ribic y fui hasta su estudio, a unos cuarenta minutos del centro de Zagreb y en una zona de reciente construcción.

Total, que llegué como a las cuatro, estuve visitando el estudio (donde estaba trabajando también Giulia Brusco), me hice por fin con el original que le había comprado a Ribic (y que ya colgaré aquí otro día) y saqué unas cuantas fotos para poder presentaros el lugar de trabajo del bueno de Esad... en una futura entrada. Y luego, cuando por fin Ribic decidió colgar los pinceles durante un rato, nos fuimos a comer.

Me llevó a un club hípico en medio de un bosque a unos diez minutos de su casa. Rodeado de árboles, metido en mitad de la colinas, en una terraza sobre un circuito en el que varias amazonas cabalgaban a lomos de briosos corceles, lo cierto es que me sentía el rey del mundo. Aunque igual tenía algo que ver en esa sensación el Medovaca (una especie de licor de miel nada empalagoso pero sí muy... divertido) que estábamos bebiendo. La comida, tardía, fue pantagruélica, y no nos levantamos de la mesa hasta las siete y media de la tarde. Aaahhh. Reconforta sólo acordarse.



Volvimos al estudio, recogimos a Giulia y salimos de vuelta hacia casa de Matt. El plan original era tomar algo en el Raffaello otra vez y retirarnos relativamente temprano, que al día siguiente nos esperaban 600 km en coche hasta Makarska y no queríamos que se nos echara el tiempo encima. Pretendíamos parar en un parque natural a comer, tomárnoslo con calma y llegar a nuestro destino sin prisas pero sin pausas.

Y ahora es cuando llega lo de 'El hombre propone y Dios dispone'. Resulta que Esad y yo nos habíamos entonado en la comida, y Matt decidió unírsenos. Y entre cerveza y cerveza y rakia y rakia empezaron a llegar varios amigos, conocidos y demás de ambos. Y también se nos unían. Y cuanta más gente se nos unía, más nos animábamos. Y cuanto más nos animábamos, más gente se nos unía...

Total, que cuando cerraron el bar ya nadie se acordaba de nuestros buenos propósitos y sí de que había una tienda abierta donde podíamos comprar un par de botellas. Y Matt dijo que no había problema por ir a beberlas a su casa y...

21.5.07

Croacia 2

Bueno, bueno, bueno, pues ya estamos en Zagreb. Y ayer volvió a quedar claro que es mejor no escribir las entradas en la bitácora justo al llegar de tomar un par de birras... o tres. El caso es que después de un viaje accidentadillo, fue todo un alivio aterrizar en suelo croata. Y llevarme la sorpresa del control de pasaportes. En esta Europa de libre circulación, tratado de Schengen y demás, no me esperaba un control de pasaportes, la verdad. El aeropuerto en sí mismo está relativamente lejos de la ciudad y es muy, muy pequeño. A ver qué me encuentro en Split, que es desde donde volaré de vuelta el domingo...

Estos días los pasaré sobre todo con Esad Ribic (dibujante croata y buen amigo, que es quien me invito a venir a Croacia), Matt Hollingsworth (colorista de casi todo lo que se os pueda ocurrir a lo largo de los últimos quince años y catador profesional de cerveza... y no va de coña) Nara (ilustradora croata y novia de Hollingsworth) y Giulia Brusco (colorista ella también). Ribic y Hollingsworth viven relativamente cerca el uno del otro, en dos barrios obreros de las afueras de Zagreb que no hubiese conocido en la vida de no ser por ellos (Gajnice y Zapresic, por si a alguien le interesa). Nada de circuito turístico esta vez. Lo primero que hicimos al llegar fue ir al Raffaello (sí, el nombre no suena demasiado croata), su bar habitual, a encontrarnos con algunos de sus amigos. Hollingsworth y yo éramos los únicos extranjeros en el local, un bar de barrio en el que la gente entra como si estuviera en el salón de su casa. De hecho Ribic acabó pidiendo un par de pizzas por teléfono, nos las trajeron al bar y allí nos las comimos todos tan contentos. Como en el salón de casa, ya os digo.



La mayoría de los edificios son de unos ocho o diez pisos de altura en esta zona, pero no están apelotonados. En absoluto. Hay bloques de dos o tres edificios juntos y luego grandes extensiones de césped, parques, prados... llamadlo como queráis, pero supongo que os hacéis una idea. Vida de barrio pero con espacio suficiente como para moverse sin problemas, como para sentarte en la terraza de un bar y ver pasar a la gente, a los conocidos de siempre. Arquitectura social que la llamaban en tiempos de Tito & cía.

Pero lo cierto es que dio lugar a barrios en los que realmente se puede vivir, con locales concebidos para bares y restaurantes, para supermercados, para centros culturales, para clínicas... en los bajos de los edificios. Y con muchísimo verde, con espacios amplios pero sin demasiado trafico. Vale que los edificios son feos en muchas ocasiones pero, a diferencia de lo que pasa hoy en día buena parte de Europa, por lo menos había un principio que impulsaba el desarrollo de la ciudad.



Nara, la novia de Matt, tiene que ir al centro al dia siguiente (estoy escribiendo esto a ratos sueltos y la continuidad temporal puede resentirse un poco... me refiero al 16 de mayo por la mañana) y se ofrece a acompañarme un rato de paseo por la ciudad. Genial. Salimos tarde de su casa (cerca de mediodía después de una mañana tranquila y de charla). Cogemos el bus hasta un mercadillo bastante amplio al lado de una fabrica abandonada que daría para unos cuantos lofts y que, como no, esta rodeada de muchísimos arboles. Voy empezando a hacerme una primera idea de los alrededores de la ciudad. Zagreb está rodeada por una pequeña cadena de colinas altas o montañas bajas (vosotros escogéis) que la rodean y medio encajonan, pero sin llegar a estrangularla.

Al lado del mercadillo está la parada del tranvía, uno de los muchos que recorren la avenida Illica, una de las principales arterias que llevan al centro de la ciudad. La calle me parece preciosa. Es amplia, aireada, y de finales del siglo XIX. Toda entera. Los edificios son bastante bonitos y están un tanto decrépitos. Y eso los hace aun mas atractivos. Son como esos zapatos buenos y viejos, que están un poco hechos polvo pero que te sigues poniendo casi sin pensar. Esta claro que me gusta la ciudad y eso casi no he visto nada. Soy publico fácil.



Hace buen día y nos bajamos varias paradas antes de lo que nos corresponde. Ambos tenemos ganas de pasear, y a eso nos dedicamos hasta llegar a un restaurante que se llama Gostionica Tip-Top... luego me entero de que Gostionica quiere decir algo así como taberna, pero bueno. Es un local con especialidades de Dalmacia que, al parecer, era muy popular entre los poetas y bohemios de hace treinta y cuarenta anos. Y, según me cuenta Nara, con muy buena cocina. Bien. Tengo ganas de empezar a probar las especialidades de la zona.

Empezamos con unas anchoas que están de vicio, unas aceitunas con queso (saben muy distintas, por cierto, de cualquier otra aceituna que haya podido probar) y luego me decanto por una Pasticada, que es un guiso de ternera en vino de Dalmacia acompañado de una especie de gnocchis que están de vicio y que se empapan de la salsa. Ñam.

Al acabar de comer acompaño a Nara a hacer un recado en la editorial para la que trabaja como ilustradora y nos vamos acercando más y más al centro histórico. No se ven turistas apenas. No se oye casi mas que croata. No hay gente paseando por ahí con un mapa en la mano, ni con camaras colgando del cuello, ni con gorras horteras, ni gritándole a la parienta... pocas veces me había pasado algo así. Además, no me entero de nada de lo que me dicen. Es una gozada. Acostumbrado a hablar con extranjeros en sus idiomas, a viajar a países cuya lengua conozco (por lo menos a lo largo de los dos últimos años) es una sensación distinta y muy, muy agradable la de estar medio perdido. La de no tener que estar prestando atención (aunque sea inconscientemente) a lo que me rodea... al menos no si no quiero. Tengo ganas de pasear, de perderme.

Nos acercamos a la plaza de Jelacic, el centro del casco histórico de la ciudad y donde se encuentra el Centro de Información Turistica. Me dan un plano y una pequeña guía en castellano. Nara (que ha venido guiándome hasta ahora por la Plaza de las Flores, la calle de Nikola Tesla y un par de sitios más) me propone tomar un café antes de que se vuelva a casa y nos sentamos en una terraza de lo mas agradable. En la mesa de al lado esta sentada la pareja a la que los de Croatian Airlines enviaron vía Munich. Sí que es pequeño el mundo, si. Nos saludamos y les explico el resto de mi viaje. Ellos me dicen que no llegaron hasta las once y media de la noche. Va a ser que hasta tuve suerte al final...

Nara se va y yo me pongo a pasear tras haberle echado una ojeada superficial al mapa y a la guía. No tengo ganas de seguir un recorrido preestablecido. Ni de ponerme a sacar fotos como un loco. Estoy disfrutando mucho del viaje, de la sensación de descubrir algo nuevo, y no quiero empezar a mirar a un folleto y perderme lo que ocurre alrededor.

Me encuentro en mis vagabundeos con dos estatuas de San Jorge matando al dragón... aunque no es santo patrón de Croacia ni nada. Curioso. Y más curioso aún ver que una de ellas esta en la Plaza del Mariscal Tito. No sé por qué, pero no me esperaba que le hubiesen dedicado una plaza, la verdad. Prejuicios míos, supongo, pero pensaba que lo tendrían en bastante más baja estima.



Llego también a la calle del Puente Sangriento. Zagreb nació como dos ciudades distintas, una en cada una de las dos colinas enfrentadas en las que se asentaron la Iglesia y el Poder Civil. Dos ciudades separadas por unos pocos metros y por concepciones totalmente opuestas del mundo y de la organización social. Y que resolvían sus diferencias a golpes sobre el puente que cruzaba el arroyo (ya seco) que las separaba. De casta le viene al galgo...

Hay un montón de terrazas en esta zona. Todas bastante llenas, pero no se ve a nadie con guías, ni farfullando el idioma ni criticando, en una lengua extranjera, a los autóctonos. Luego me entero de que es bastante habitual que la gente se tome una larga pausa para el café mas o menos cuando les viene en gana. Avisan a los compañeros y se bajan a la calle. Me gusta esa filosofía.

Un poco más arriba está la puerta de entrada a la zona más antigua de la ciudad, pero no estoy de humor para subir hacia allí ahora. Así que me doy la vuelta y voy tirando hacia la zona nueva otra vez. Y ahí ya si que ni mirar mapas ni preguntar ni nada. A perderse de verdad. Pasé por el edificio de la Bolsa, por el Banco Nacional, por la Plaza de los Héroes contra el Fascismo, por delante de la delegación de la Comisión Europea en Zagreb (y me di la vuelta según la vi... que son mis vacaciones, coño, nada de trabajo). Claro que lo de tanto vagabundeo también tiene sus riesgos. En mi caso aparecer de repente ante la sede de los BBB (los Bad Blue Boys... los UltraSur del Dinamo de Zagreb) y ver cómo se acercan de frente cinco o seis rapados. Glubs. Afortunadamente al final no pasó nada.

Y así me dieron las nueve. La hora a la que había quedado con Esad, Matt, Nara, Giulia, Darko Macan (guionista croata y amiguete también) y alguna gente más para cenar. ¿El restaurante? Uno de los favoritos de Matt y Esad, el Vinodol. Que resultó ser también uno de los favoritos del Mariscal Tito (está claro que hoy era su día... al menos durante este viaje). Y mi cena una de esas ligeritas. Primero una sopa de setas varias... pero no una sopa servida en plato, sino dentro de una hogaza de pan. Deliciosa. De segundo Peka, un guiso local en el que la carne y las patatas se cuecen juntas durante horas y al final casi ni sabes cuál es cuál... Y de tercero Esad pidió una copita de rakia. Rakia es el equivalente croata al aguardiente, para entendernos, pero con variantes distintas y diferentes sabores.

En el Vinodol empezamos con rakia casera de pera. Básicamente lo que hacen es destilar el aguardiente y luego, cuando el peral empieza a estar en flor, meten la rama en la botella de licor (que reposa, obviamente, sobre un soporte) para que la fruta crezca dentro y se vaya impregnando del alcohol. El resultado es un aguardiente de frutas que está de vicio y que baja (o por lo menos bajó aquella noche) que da gusto. Pero ya habrá más comentarios sobre la rakia en futuras entradas...

La rakia desató las lenguas y las risas, y me entero así de que los BBB son grandes admiradores de Jana Kostelic, la esquiadora croata. Bueno, no exactamente. Resulta que hace un par de años más o menos el Dinamo de Zagreb perdió todo lo que podía perder y encima jugó fatal. Sus seguidores, mosqueados y acostumbrados a ganar títulos, decidieron que aquello no podía seguir así. Y empezaron a acudir a las pruebas de esquí a animar a Kostelic. Pero nada de animarla con pancartas ni nada, no. Iban con sus camisetas del Dinamo, sus cánticos y demás. Que aquello fuera una pista de esquí y no un estadio les daba igual. Se comportaron de igual manera en ambos recintos... tanto es así que, por primera vez en la historia, hubo violentas peleas en una pista de esquí. Veían a los seguidores de las demás esquiadoras como aficiones rivales, y las trataban como a las del resto de equipos. A palos. Llego incluso a haber una batalla campal en Eslovaquia, y desde entonces los BBB (repito, seguidores de un club de fútbol) tienen prohibido el acceso a todo tipo de pruebas de esquí. Genial.

Del Vinodol nos fuimos a un garito a los pies de la catedral en el que había conciertos y demás, y seguimos rakia va, rakia viene. Pero para qué aburriros con los detalles (que menuda entradita me está quedando ya...) Mañana trataré de seguir con el resto del viaje, que aún dio bastante más de sí.

16.5.07

Croacia 1

Quién me mandará meterme en estos berenjenales. Si es que en el fondo me lo tengo bien merecido. Sólo a mí se me ocurre anunciar que trataré de hacer un diario de viaje de estos días que voy a pasar en Croacia. Tendría que saber ya que cada vez que me pongo a (o que tengo intención de) contar algún desplazamiento en esta bitácora, pasa algo.
Pongámonos en antecedentes. El jueves 17 y el viernes 18 son fiesta en Bruselas (y en Santiago, y en otros muchos sitios… la Ascensión) así que, cuando hace un mes me surgió la posibilidad de bloquear dos días en el trabajo y largarme a Zagreb primero y a Markanska (una ciudad en la costa sur croata, a una hora de Split) después, ni me lo pensé.
Y por fin llega el día, hoy, de empezar el viaje. Me pasé la mañana haciendo recados varios, traduciendo un par de cosas, reenviando otras que ya estaban traducidas pero habían desaparecido, hasta que me llegó la hora de salir de casa. Y me dirigí a la parada del autobús para hacer el trayecto habitual. En transporte público hasta la Gare Centrale de Bruselas y desde allí en tren al aeropuerto.
Pese a lo que algunos puedan esperarse, esta primera parte del trayecto no planteó problemas, afortunadamente. Pero la llegada a la estación ya fue harina de otro costal. El tren Express al aeropuerto, que suele llegar puntual como un reloj, llegó hoy con casi un cuarto de hora de retraso. Que no es algo que me molestase demasiado porque, para variar, esta vez iba al aeropuerto con tiempo de sobra. Pero tampoco me hizo gracia lo de ver cómo se iba llenando el andén hasta llegar al punto de que realmente se hacía difícil moverse. Supongo que así es como se deben de sentir en el metro de Tokio cada día.
El caso es que llego al aeropuerto y voy a consultar el enorme panel informativo que acoge al viajero cuando entra en Zaventem. Y la segunda en la frente. El vuelo de Croatian Airlines a Zagreb está cancelado. Yupi. Cinco días de vacaciones y el primero parece definitivamente perdido. Genial.
Me dirijo al mostrador de venta de billetes de Croatian y me dicen que tranquilo, que el vuelo está cancelado por un problema técnico pero que ya llega otro avión en camino para recogernos. Vale. Me voy a hacer cola para sacar la tarjeta de embarque. Soy el penúltimo de la cola. Y de repente a la pareja que está delante de mí le dicen que lo sienten mucho, pero que no quedan plazas. No puedo haber oído bien… o sí.
Y va a ser que sí. Cinco pasajeros nos hemos quedado en tierra. Joder, pues menos mal que me dio por venir con tiempo.
Volvemos al mostrador de Croatian y nos dicen que a ver, que no hay solución. Que no quedan plazas a Zagreb en ninguna compañía. No para volar hoy. Nos mosqueamos los cinco, pero de buenas maneras, y tras un rato de pelearse con el ordenador, nos dice la azafata que puede mandar a dos a Zagreb esta noche, vía Munich. De común acuerdo damos por sentado los cinco que los que se van a ir son los dos que viajan juntos. Bonita forma de empezar si no las vacaciones con tu pareja… sin ella.
Seguimos negociando (ninguno de los tres restantes tiene puñeteras las ganas de quedarse en tierra… uno va a una reunión mañana en Zagreb, el otro vuelve a casa después de una reunión en Bruselas y yo me piro de vacaciones, así que…) y nos proponen que volemos a Ljubliana, a unas dos horas en coche de Zagreb. Argh. Mientras estamos decidiendo qué hacer (y yo opto por la tradicional técnica de no abrir el pico a ver qué pasa) la azafata de Croatian nos dice que a lo mejor hay una plaza en el avión a Zagreb. En la cabina, con los pilotos. Cierro el pico, pero estoy deseando que sí que la haya. A pesar de todos los aviones que cojo, nunca he ido en la cabina, con los pilotos. Total, que en principio los otros dos se iban a ir a Ljubljiana y yo a Zagreb en la cabina del piloto pero de repente parece que hay otros dos sitios en el avión (¿estamos de cachondeo o qué?). Total, que al final echamos a suertes a ver a quién le toca con los pilotos y gana el de la reunión al día siguiente en Zagreb. Bueno, no me puedo quejar, por lo menos el asiento que me toca es en business. Menos da una piedra.
Y así llego por fin a Zagreb. Media hora después del horario previsto y tras toda una serie de negociaciones. Pero en Zagreb al fin. Y al salir por la puerta está ya mi amigo Esad esperándome. Menos mal.
Me doy cuenta de que me he dejado en el tintero algunos detalles, como que llevaba cuatro botellas de un litro de cerveza en el equipaje de mano y que (mea culpa) en virtud de la nueva legislación europea no voy a disfrutarlas yo, ni Matt Hollingsworth (al que aún no conozco pero que va a acogerme en su casa durante un par de noches, todo gracias a Esad Ribic, inspirador –casi- de este viaje) ni Esad sino un segurata belga. Pero seguro que eso os parecen cosas sin importancia.
El caso es que estoy en Zagreb. Que al final aterricé a eso de las nueve de la noche y que la página del Ministerio de Asuntos Exteriores (http://www.mae.es) no miente, basta con el DNI para volar a Croacia, no necesitáis el pasaporte. Ahora mismo escribo justo antes de irme a dormir, desde el salón de Hollingsworth y su novia, Nara, y tras una sesión de bienvenida como sólo Ribic (y aquellos que le conozcáis –aunque sea de oídas- sabréis a lo que me refiero) puede dar. Birras en cantidades demasiado exageradas como para que las reproduzca aquí y muchas, muchas, muchas risas. No me quedo en su casa porque está llena ya con otra gente que viene también para el festival de Markaska (creo que se escribía así el nombre, si no ya lo corregiré mañana) y está llena. Pero nos veremos mañana. Y visitaré el centro de Zagreb. Ya os iré contando. De momento os dejo con la portada del libro que estoy leyendo. Es de un tal William Dampier, de finales del siglo XVII y de una nueva colección de Penguin Classics. Y os lo recomiendo encarecidamente a poco que os gusten las historias de piratas de los de verdad…

8.8.06

Otra forma de viajar

Aunque no lo parezca, esta bitácora tiene entre sus objetivos hablar de vez en cuando de viajes. Lamentablemente el que esto escribe lleva ya algún tiempo sin viajar más que por motivos de trabajo, así que he tenido que ir aparcando ese tema. A ver si de cara al otoño pueden cambiar las cosas...

Eso sí, mientras tanto os dejo aquí una de las últimas iniciativas de las que me he enterado. Lo cierto es que la idea me parece buena, aunque un tanto arriesgada: si tenéis un sofá cama libre en casa y no os importaría acoger a desconocidos (o viceversa, si sois de los que no tienen problemas para dormir en un sofá cama en casa de extraños), en esa página os ayudan a organizarlo todo. Una forma de viajar poco convencional, desde luego, pero mucho más económica que un hotel o un cámping...

22.4.06

Más ofertas de vuelos

Debe de ser esa época del año en que las reservas de avión están un poco tontas porque las distintas compáñías aéreas no paran de sacar ofertas. Pues vale. Aquí tenéis unas cuantas, válidas para Iberia y Spanair, con precios a partir de 19 € y hasta el 23 de abril para hacer reservas. Y creo que Aireuropa también está con el tijeretazo así que si no voláis no va a ser por culpa de los precios...

6.4.06

Iberia está de ofertas

Pues eso. Tenéis hasta mañana para comprar billetes a un precio más que razonable. Ellos dicen que a 15€, pero bueno, luego hay que sumar tasas, emisión, suplemento de combustible... en cualquier caso, vale la pena. La página, cómo no iberia.es, las fechas para volar entre el 24 de abril y el 23 de junio (vamos, que si queréis pegaros la escapada a Barcelona para el Saló o volver a casa para la cacharela ya no tenéis excusa) y las plazas un total de un millón. A volar.

22.2.06

Yamato, tu restaurante japonés en Bruselas

En la calle Francart número 11 está uno de mis restaurantes japoneses de Bruselas, el Yamato, y si venís o estáis en esta ciudad, ya tardáis en ir a visitarlo. La estructura es semejante a la del restaurante en el que comen Bill Murray y Scarlett Johanson hacia el final de 'Lost in Translation': una barra en forma de U a la que se sientan los comensales y desde la que ves cómo te preparan la comida.

La especialidad (y casi plato único de la casa) son tazones enormes de sopa -ramen- en los que cabe de todo, desde filetes de cerdo (empanados o no) cortados en tiras hasta los ineludibles noodles o generosas raciones de ajo. También es posible comer raviolis japoneses (nada que ver con los italianos) y, cómo no, beber cerveza japonesa. Y todo a un precio más que razonable: por unos doce euros por cabeza sales lleno.

El único inconveniente son los horarios (de doce a dos y media por la mañana y de siete a nueve y media por la noche, cerrado los domingos, y lunes y jueves a mediodía) y que está siempre de bote en bote (sólo tiene diecisiete o dieciocho plazas). Pero merece la pena la espera, está de vicio.

En fin, que si sentís curiosidad, aquí tenéis la información de resto.be sobre el Yamato. Que aproveche.

17.2.06

Terminal 4

Son las dos y media de la madrugada mientras escribo estas líneas en la flamante nueva Terminal 4 del aeropuerto de Madrid-Barajas, y todavía no sé a qué hora saldrá mi vuelo hacia Santiago. Y me temo que aún tardaré un rato en saberlo: los paneles informativos lo único que nos cuentan es que el vuelo está retrasado. Como si no nos hubiésemos dado cuenta.

Me pica la nariz con el polvillo que desprende una de las losas de mármol del suelo mientras la rebajan un poco. Supongo que se deben de haber equivocado en las medidas y ahora no encaja. Como casi nada en la Terminal. Pero empecemos por el principio.

Uno de los objetivos de esta bitácora era hablar de viajes, de ofertas, de vuelos, de lugares exóticos, de gentes nuevas, de la emoción del descubrimiento, del desarraigo placentero del viajero habitual, de un diario (pero sólo del trayecto recorrido), de un catálogo de recorridos, del aspecto romántico del viaje. Iluso de mí. Debería de haber sabido que el primer post sobre viajes que colgase sería más bien acerca de todo lo contrario. Sería acerca de un viaje como el de hoy.

Y eso que las cosas pintaban bien en un principio. La reunión del trabajo no se acabó demasiado tarde y pude coger el autobús al aeropuerto de Bruselas y ahorrarme los cerca de treinta eurazos que te clavan los taxistas por llevarte al aeropuerto internacional de Zaventem (y el trayecto es de poco más de quince minutos). Y no sólo pude coger el autobús sino que hasta encontré sitio para sentarme y no tuve que ir de pie como en la mayoría de las ocasiones, sujetándome en precario equilibrio, con una mano tratando de agarrar la maleta para que no se escape rodando por ahí y la otra proporcionándome un tenue asidero a la barra del bus.

Pero al llegar a Zaventem me encontré con el primer síntoma de que algo no iba a salir bien hoy: el vuelo de Iberia a Barajas llevaba hora y cuarto de retraso. Considerando que la llegada estaba prevista para las diez de la noche y que el vuelo de Santiago salía a las once y media, me fui haciendo a la idea de que habría que correr para llegar a tiempo a la puerta de embarque. Bueno, no sería la primera vez, y seguramente tampoco la última, así que da igual.

En el mostrador de facturación no me ponen ningún problema con el equipaje de mano, a pesar de que pesa 12 kilos… como se encarga de recordarme en rojo amenazante y acusador la báscula de la cinta transportadora. Con lo que sí tengo más problemas es con lo del asiento. Iberia tiene una política de asignación de asientos que no acabo de entender, la verdad. No es lógico que si alguien tiene que coger una conexión le asignen en el primer vuelo un asiento de ventanilla en la penúltima fila. O a mí no me lo parece.

Así que se repite la escena habitual: “Señorita, ¿me podría cambiar el asiento, por favor? Tengo que coger una conexión en Barajas y, considerando que el vuelo ya va con retraso…” “Uuuuuyyyy… pues no sé si va a poder ser, que el vuelo va muy lleno”. Joder, pues menos mal que llego con hora y tres cuartos de antelación al mostrador. Si hubiese aparecido diez minutos antes de que se cerrase el embarque igual me ponen en un ala… Al final no es para tanto y consigo un fabuloso asiento de pasillo… en la fila 17.

Total, que me llevo ya las dos tarjetas de embarque y me dirijo al control de pasaportes, donde me espera la habitual cola. He llegado a tirarme más de una hora esperando a pasar el dichoso control, pero hoy (¿ayer?) hubo suerte y sólo fueron veinte minutos. Me queda tiempo más que de sobra para comprar un par de cajas de bombones que llevar de regalo. Luego, un buen ratito de espera acompañado de un libro. Lo habitual. He de reconocer que nunca leo tan a gusto como cuando estoy a punto de coger un avión, no sé por qué.

Mientras espero en la pasarela a subir al aparato oigo parte de la conversación que a voz en grito y en inglés tienen tres adolescentes justo detrás de mí. La traducción de lo que oigo viene a ser algo así como
“…estuve seis meses con él y no me arrepiento de nada.”
“Jo, tía, pues si te diste cuenta de que no era el hombre con el que querías pasar el resto de tu vida hiciste muy bien en dejarlo”.
Fijo la vista en el cristal de la pasarela y veo la imagen de las tres niñas que tengo detrás. Y trato de no pensar en nada.

Una vez sentado (encuentro sitio sin problemas para la maleta, síntoma seguro de que algo no va a salir bien durante el viaje) inicio mi ritual. Saco el libro (uno de Poe que seguramente comentaré en los próximos días, Las Aventuras de Arthur Gordon Pym… una de esas lagunas que me quedaban por colmar), abro un poco el chorro del aire que está sobre el asiento y lo dirijo hacia mí, enciendo la luz auxiliar y trato de no pensar en nada mientras recorremos la pista y nos preparamos para despegar. Pero antes de eso pasa el carrito de la prensa.

Si vuelas desde el extranjero a la península, Iberia te ofrece prensa de la de verdad, no sólo el Universal, esa parodia de periódico con la que nos obsequian normalmente en los vuelos nacionales. Aunque tengo que reconocer que hoy me llevo una grata sorpresa: en la página 19 tienen un artículo a toda página acerca de los 110 años de Yellow Kid, el personaje de Outcalt que se considera primer cómic de la historia. Lo leo un poco por encima y no veo ningún error de bulto. Más bien todo lo contrario. Está bien escrito y bien documentado (hacen un repaso breve de la historieta norteamericana, desde Outcalt al Sin City de Miller pasando por Terry y los Piratas, Dick Tracy, el Príncipe Valiente, Snoopy y hasta Garfield). A que va a ser que El Universal no es una parodia de periódico sino el único diario serio de España (al menos en cuanto a historieta se refiere).

Alguien me dijo en una ocasión que los momentos más peligrosos de un viaje en avión son, precisamente, el despegue y el aterrizaje. Es cuando se tienen más probabilidades de sufrir un accidente. Después de eso, y de un par de malas experiencias, reconozco que me cuesta un poco hacerme a la idea de volar. Menos mal que de aquí a junio sólo tengo que coger cuatro aviones cada quince días.

Una vez alcanzada la altitud de crucero el capitán nos saluda, y el par de azafatas que hicieron la demostración de seguridad (ante la indiferencia generalizada, por supuesto) empiezan a empujar el carrito de la comida. Me pienso si pedirme un menú pero diez euros por una lata de Coca-Cola, un bocata minúsculo y un mini twix me parecen exagerados. Además, ya cenaré al llegar a casa. Aunque tengo algo de hambre.

Anuncian por la megafonía interna del avión la puerta de embarque del vuelo a Santiago, señal inequívoca de que ése también va retrasado. Mejor, más posibilidades para llegar a tiempo de cogerlo.

Aterrizamos a las doce menos cuarto (a estas horas ya tendría que estar camino del noroeste) y la temperatura es de nueve grados. Gracias por el parte meteorológico. Recorremos las distintas pistas durante un cuarto de hora más y a medianoche piso por primera vez la Terminal 4 del Aeropuerto de Barajas (tras esperar, claro, a que bajen los de las 16 filas que me precedían). Y echo a correr como un desesperado (por cierto, ¿por qué coño salen las parejas de dos en dos de los aviones?¿no se dan cuenta de que llenan toda la pasarela y que no dejan pasar a la gente que viene detrás y que puede que tenga que coger otros vuelos?). Dios, esto no es una Terminal, es una ciudad entera. No se acaba nunca. Sólo veo un pasillo enorme, eterno, rectilíneo, que se pierde en el horizonte, que no tiene ni principio ni final, un gusano gigantesco que acaba de absorberme… no me muevo. O eso me parece, y tengo que comprobar en un par de ocasiones que no estoy corriendo sobre una cinta… una andadora de esas como las que se usan en los gimnasios.

Sudoroso y después de diez minutos corriendo llego a la puerta K73 (asignada en teoría al vuelo a Santiago), y veo que anuncian la salida del vuelo de las 21:30 a Vigo. Y son las doce y cuarto. Pregunto a las chicas del mostrador y me dicen que sí, que la puerta es la del vuelo de Santiago, pero que éste no saldrá hasta que no haya despegado el de Vigo.
-“Bueno” –pienso- “media horita más de retraso, pero no pasa nada”. Mañana (¿hoy?) me espera un día bastante agotador, pero qué se le va a hacer. Por lo menos dormiré cuatro o cinco horitas. Y en mi cama.

Empiezo a ver un par de caras conocidas pululando en torno a la puerta. Nadie con quien haya hablado nunca antes, pero sí gente que te suena de verla por la calle. No soy el único que espera.
Pasa otro cuarto de hora. Pregunto de nuevo que a qué hora sale el vuelo y no me dan una respuesta concreta, así que decido aprovechar para buscar algún sitio abierto donde comer algo (me arrepiento de no haber pilado el bocata antes) y aprovecho para recorrer la Terminal. Y da para recorrer un rato largo. Hay un montón de gente pululando por aquí, y casi todos acaban congregándose en un momento u otro en torno a los mostradores de atención al viajero de Iberia. Por qué será. Igual el hecho de que haya catorce vuelos retrasados más de dos horas tiene algo que ver. Sí, me entretuve en contarlos.

Los gritos de los pasajeros se escuchan desde lejos. Y los chaquetas rojas (o sea, el personal de atención al viajero de Iberia… que, por cierto y digan lo que digan, corre bastantes más riesgos que los ‘red-shirts’ de Star Trek) siguen impasibles. Desde luego, acabas por admirarlos. Que te estén gritando treinta personas y seas capaz de ignorarlas a todas tiene su mérito. Digo yo.

Voy recorriendo con más calma el pasillo eterno de antes. Veo que la estructura de la nueva Terminal es muy parecida a la del Aeropuerto del Prat, en Barcelona. Una galería amplia, enorme, con espacios diáfanos, cintas transportadoras y pequeñas isletas cada pocos metros en las que se apiñan bares y tiendas. Más espaciados se encuentran una especie de apartaderos, apéndices que surgen a la derecha (o a la izquierda, claro, dependiendo del sentido de la marcha) de la Terminal y en las que hay aún más tiendas. Veo que aquí también hay una Avenida de Arteixo (o sea, toda aquella calle en la que estén presentes Zara, Bershka, Massimo Tutti, Oysha y/o Zara Home… tiendas todas del grupo Inditex cuya sede está en… Arteixo). Pero también se ven anuncios de tiendas de Mattel, Sony, Puma, Mango, Hugo Boss y E. Zegna entre muchísimas otras. Joder, si parece un centro comercial y no un aeropuerto.

Hay muchísimos bares, pero todos están cerrados. Y con el personal dentro todavía. Pregunto al personal de limpieza, a varios obreros que siguen, a su bola, trabajando en los retoques de primera hora (me niego a llamarlos de última hora… no considerando el estado en el que está todavía la Terminal, con herramientas tiradas por el suelo, cables pelados al alcance de la mano, puertas de cristal apoyadas contra las tiendas, restos de cascotes…) Busco desesperado una máquina expendedora, y no hay. Ni una. En serio. Me rugen las tripas y de repente me asalta una inspiración repentina: los bombones de regalo. Se siente, esta vez voy a ser un maleducado, pero ante el hambre…

Estoy a punto de abrir la lata de ‘Lenguas de Gato’ (unas chocolatinas deliciosas con la forma de Le Chat, el personaje de tebeo) cuando veo una comitiva que se dirige hacia la zona en la que estoy sentado (el paseo me llevó desde la puerta K73 hasta la J35) y reconozco un par de caras. Pregunto si son pasajeros del vuelo a Santiago y me dicen que sí y que van a comer algo.
Mala señal. Conforme a la legislación en vigor en la UE, las compañías aéreas tienen la obligación de ofrecer algo de comer y de beber a sus pasajeros sólo si el retraso de su vuelo es superior a las dos horas. O sea, que si Iberia nos paga algo de comer es porque aún nos queda un buen rato de espera. Y lo saben. Pero no dicen cuánto.

Me alegra saber que hay una cafetería abierta todavía. Y, en un alarde de inteligencia, está situada fuera de la zona de embarque. Genial. La única cafetería abierta las 24 horas en el aeropuerto está fuera de la zona de embarque. O sea, que hay que pasar por la sala de recogida de equipajes (está en el piso de abajo… y es que hay tres pisos en la Terminal, que cada vez me recuerda más a un centro comercial), salir fuera y luego volver a pasar el control de pasaportes. Bueno, a la una de la madrugada (largas) no creo que vaya a haber muchas colas.

Sí las hay en la cafetería, claro. Nos ofrecen dos bocadillos o sándwiches, una bebida y un postre. El señor que está delante de mí y el que está justo detrás se llevan cada uno una botella de rioja de tres cuartos de litro. El camarero les dice que de eso nada y se produce un amago de pelea. Al final, los dos pasajeros se van con su vino y el camarero se queda refunfuñando un poco por lo bajo. Si es que está claro que no todo el mundo vale para ser un chaqueta roja.

De todas formas, la pelea por el vino es el primer incidente violento de la noche. Al menos entre los pasajeros del vuelo a Santiago, claro. Todo el mundo está cabreado pero haciendo gala de un sentido del humor envidiable. Igual es por la mezcla de pinturas y barnices que se respira en el ambiente.

Me zampo un sándwich de pollo y bacon y otro de cangrejo, una botella de Aquarius y una caña de chocolate. Y me acerco con todo el morro del mundo a pedirle un café con leche por la jeta al camarero. Y se lo saco. Ole. Vivan los no chaquetas rojas.

Por cierto que está toda la zona llena de gente. Hay por lo menos cien personas paseando por ahí. Parecemos una panda de noctámbulos a punto de que se nos acabe de pasar el efecto del alcohol, buscando comida desesperadamente antes de que ataquen los primeros síntomas de la resaca. No me sorprendería que dentro de poco se ponga de moda la Terminal como garito alter de Madrid. Las caras de los pasajeros insomnes tienen poco que envidiar a las de los que se retiran a las siete de la mañana. De hecho no me extrañaría que más de uno decida empezar a acabar la fiesta aquí. Y seguramente alguno acabe metido en un avión rumbo a quién sabe dónde, sin billete ni nada. Al tiempo.

Subo al segundo piso para pasar el control de pasaportes y la guardia de seguridad me saluda con una sonrisa mientras dice
-“Del vuelo de Santiago ¿no?”
Va a ser que ella también inhaló las pinturas y barnices. Al pasar el escáner y el detector de metales me paran y me hacen vaciar los bolsillos. Y luego me pregunta uno de los seguratas
-“¿Las figuritas son de El Señor de los Anillos?”
Estoy seguro de que no puedo haber oído esa frase. Pero sí. Y me la repite. No entiendo nada… hasta que echo la vista a la pantalla del escáner y veo, perfectamente recortadas, las siluetas de unas figuritas de plomo de Grenadier que compré hace un par de semanas. Son mi último tesoro friki, figuritas de plomo de 1985 de buena parte de los personajes de Watchmen (Rorschach, Búho Nocturno, Dr. Manhattan, Laurie, El Comediante…) en la caja original (con ilustración de Dave Gibbons) y para el juego de rol de superhéroes de DC.

Y cuando digo que son figuritas de Watchmen el segurata dice un ‘coño’ de lo más revelador. Si es que cuando menos te lo esperas surge un friki. Igual tendríamos que crear algún saludo para reconocernos con facilidad…

Dentro de la Terminal (bueno, de la zona de embarque) sigue la actividad constante. Pasajeros y obreros se mezclan indistintamente, ninguno de ellos capaz de orientarse y cada uno pidiéndole orientaciones al otro.

Son ya las tres. Una salva de aplausos me hace levantar la cabeza y veo que está llegando el personal de tierra de Iberia. Mientras escribía estas líneas debe haber llegado el vuelo de Santiago y parece que por fin vamos a embarcar. Pues entraré el último. Total, qué más da un poco de retraso más. Y mañana (¿hoy?) a las siete de la mañana en pie para coger el tren hacia Vigo. Espero dormir en el avión por lo menos.

Se acaba la crónica de este trayecto. Al viaje aún le queda un poco más, pero bueno. Espero que os hayáis hecho una idea de la Terminal 4… si por un casual os toca pasar por aquí dentro de poco, sólo puedo recomendaros que os arméis de paciencia. O de una Uzi. O de las dos, si podéis. Así, si os entra el impulso homicida, por lo menos os tomaréis vuestro tiempo para apuntar. Recordad, igual que en Star Trek, los personajes prescindibles son los chaquetas rojas…


Corolario... son las seis menos veinte de la mañana y sigo en pie. Al pasar el detector de metales en Barajas me hicieron vaciar los bolsillos. Cansado y medio dormido no me di cuenta de que luego tendría que recoger lo que había sacado. ¿Adivináis dónde se quedaron las llaves de mi casa? Y en hora y media a coger el tren para ir a dar clase... efectivamente, no me imaginaba así mi primer post sobre viajes...

20.1.06

Por si volais con Iberia

Si os fijáis un poco ahí arriba veréis que en esta bitácora pretendo hablar de viajes, libros, tebeos, cine y lo que se me pase por la cabeza. Vale. Si os pasáis por aquí con relativa frecuencia veréis que de viajes hace ya la repera que no hablo... y es que el no viajar demasiado esta temporada es lo que tiene (los relativamente frecuentes vuelos de vuelta a casa no cuentan como viajes, que conste).

Pero ayer en una charla surgió algo que me parece puede resultar útil. Iberia saca de vez en cuando, en su página web, ofertas que no están mal del todo. Por lo general las condiciones en cuanto a cambios o restricciones suelen ser bastante draconianas (como en casi todas las compañías) pero hay algo que puede salvaros si os equivocáis al comprar: podéis realizar cambios a vuestro billete siempre y cuándo llaméis a Serviberia para hacerlo antes de que acabe el día en que comprasteis el billete. Es decir, que si compras el billete a las diez de la mañana y te equivocas (en trayecto, hora, destino...) tienes hasta la medianoche de ese mismo día para corregirlo. Sin costes adicionales.

No sé si le servirá de algo a alguien, pero creo que merece la pena mencionarlo. Por si acaso. Y sí, lo aprendí a las duras.

P.S. para residentes en Belgica o Luxemburgo: Por cierto, que iberia.be tiene ofertas muy interesantes para volar desde Bruselas, y se acaban hoy (por ejemplo, ida y vuelta a Madrid 110 € tasas y resto de gastos incluidos)

15.12.05

Más mercadillo y GluhWein

Ayer os enseñaba unas cuantas fotos de la pinta que tiene el mercadillo de día, así que hoy os lo enseño de noche y visto desde la escalinata que lleva a la puerta del ayuntamiento. La verdad es que impresiona verlo desde ahí arriba


Y aquí abajo tenéis el famoso GluhWein, que a fin de cuentas no es más que vino caliente con clavo y varias especias más y que entra con enorme facilidad en las tardes de invierno. Con tanta que lo más probable es que te pases de la raya sin darte ni cuenta. Cosa que tampoco tiene por qué ser mala, pero que implica que de repente te va a asaltar un hambre feroz y acabas comiendo guisos y platos como los que se ven en la foto. Bueno, acabas haciendo eso y llevándote a casa una colección de vasos y jarritas... cosas de la Navidad.

14.12.05

El mercadillo navideño de Aquisgrán

Aquisgrán parece, aunque no lo sea, la ciudad de los mil nombres. Conocida como Aachen en alemán, Aix-en-chapelle en francés o Aquisgrano en portugués, esta ciudad constituye hoy en día la frontera entre Bélgica, Francia y Alemania, y en la Edad Media fue la residencia predilecta de Carlomagno, además de ser sede de la primera Universidad del mundo. Bueno, o del embrión de la misma.

Claro que en estos días los turistas no acuden (acudimos) únicamente atraídos por su catedral, Patrimonio de la Humanidad (a fin de cuentas en mi querido Santiago también tenemos una de esas), sino también por su mercadillo navideño, uno de los más famosos de esta zona y que reúne cada año a más de un millón y medio de visitantes. Parece que el mercadillo surgió en los años setenta y que pronto empezó a hacerse cada vez más popular. Eso sí, si esperáis algo como lo de la Plaza Mayor de Madrid me temo que os llevaréis un chasco. Aquí no hay figuritas de belenes (tradición nacida, por otra parte, en el Napolés dominado por la Corona de Aragón, pero de eso hablaremos otro día), sino puestos como el que podéis ver aquí abajo, con libros, productos típicos de estas fechas, bolas para el árbol y bastantes cosas más, desde zapatillas hasta artesanía de lo más variopinta

Además de esos puestos, también nos encontramos con casetas en las que se venden salchichas de todos los tamaños y colores, y bares callejeros en los que beber un poco de GluhWein (mañana os explico que es eso). Y todo en un entorno que parece sacado de un cuento de los hermanos Grimm (fijaos si no en el hombrecillo gigante de gengibre que decora las paredes del ayuntamiento... parece el primo del que salía en Shrek 2)



Sé que hay gente a la que no le gustan estas fechas, pero yo qué queréis que os diga, viendo plazas como la que alberga este mercadillo no puedo evitar que me suba una sonrisa a los labios. Claro que a lo mejor el vino caliente también tuvo algo que ver...


13.12.05

El tiovivo de Andrea

Si me llegan a decir que una Peonza iba a acabar escribiendo un día acerca de un tiovivo seguramente me iba a costar bastante creérmelo, pero héteme aquí que hoy los giros se multiplican y llega el carrusel más bonito que he visto nunca. Le Manege de Andrea es un tiovivo tradicional, de los de antes, hecho totalmente a mano y en casa. Una pequeña gran joya giratoria que cautiva a quien la ve.

Los fríos datos nos indican que se llama 'Le Manege de Andrea', que pesa casi veinte toneladas, que se construyó en 1999 bajo la supervisión e iniciativa de François Delarozière (responsable también de las máquinas que usa Royal de Luxe, una conocida compañía francesa de teatro de calle), que estará en el mercadillo de Navidad de Bruselas hasta finales de mes, que antes estuvo en el Forum de Barcelona, que alberga hasta un máximo de 34 niños y que incluye cohetes, camaleones o insectos gigantes entre sus atracciones.


Pero los datos no nos hablan de la sensación que provoca verlo girar. No nos cuentan de ese halo de antiguo y moderno que lo rodea. No transmiten la sensación de que, aunque gire sobre sí mismo, ese tiovivo nos lleva a otros mundos concebidos por imaginaciones delirantes. No nos hacen sentir que ese pegaso sobre el que nos gustaría sentarnos parece estar a punto de echarse a volar



Me dicen que para fabricarlo se utilizaron los materiales más variopintos: plumas, cuero, estaño o madera. Pero nadie cuenta en voz alta que las plumas deben de ser de algún ave como la que llevó a Simbad en sus viajes. Que el cuero seguro que procede de algún animal mítico y que seguro que para conseguirlo hubo que realizar viajes inenarrables. Que el estaño procede de las marmitas de los antiguos druidas (reconvertidas después, por lo menos en Galicia, en alambiques, como todo el mundo sabe) o que cada pedazo de madera procede de un árbol distinto y que llegó hasta el tiovivo de las maneras más insospechadas: un asiento procede de un antiguo cine de barrio que ya desapareció, el mástil de alguna de las naves es en realidad el resto de un naufragio, y en el cofre que hay tirado en el suelo viajaron hace siglos esmeraldas y rubíes grandes como puños, rojos como la sangre, verdes como los ojos de una mujer.

Padres e hijos suben juntos. Y una vez arriba ya no hay diferencias. Todos son niños. Las avestruces persiguen a insectos gigantes y los topos perforan las tablas del suelo para que quien quiera se siente en su nuca. Los submarinos están a punto de hundirse bajo olas de madera y uno se pregunta si se ahogará entre astillas...


...para acabar descubriendo que Leonardo tenía toda la razón en sus diseños, que el hombre sí puede volar con un par de alas de tela. Que mientras haya imaginación el resto no importa y que es posible, de adulto, darte de bruces con los sueños de tu infancia


12.12.05

Gijón en Bruselas

Un paseo vespertino por la fría Bruselas en una tarde de diciembre. Los pasos sin rumbo, el paseo sin objetivo... la entrada de la estación central de la capital de Europa. Cientos de paseantes. Miles de personas atareadas (o no), camino de sus quehaceres. Dos chicas jóvenes tocando la guitarra en la puerta, pidiendo dinero para irse (literalmente) 'a cualquier otro sitio'... algo me llama la atención en el cartel publicitario. A pesar del frío noto como me sube una oleada de calor por dentro





Gijón sí es otro mundo. Es el mundo de la Semana Negra, de Mareo, de Cimadevilla, del elogio del horizonte en una madrugada de domingo de julio, de barco pirata varado en medio de una ladera. Gijón son amigos y compinches, libro y bocadillo, feria y carpas/librería abiertas hasta la madrugada. Gijón no es mi ciudad, aunque quizás en cierta forma y un poco sí que lo sea. Es una sorpresa agradable donde menos te lo esperas. Un reducto, una quimera.

8.12.05

Tres apuntes breves (exposiciones y viajes)

En esta semana de acueducto para muchos (no es el caso, desde luego) acabo de enterarme de tres noticias que me llaman la atención. Seguro que alguna de ellas volverá a aparecer por esta Peonza.

Uno, que en la página de Atrápalo (http://www.atrapalo.com) acaban de poner en funcionamiento un buscador de vuelos de compañías de bajo coste. Y tiene buena pinta.

Dos, que Berthet, con motivo del lanzamiento del noveno tomo de Pin-Up (reconozco que tengo la serie bastante olvidada... desde el 4 o 5 tomo, más o menos) va a vender buena parte de sus originales y dibujos del personaje. Si a alguien le interesa, que sepa que la venta/exposición se inició el 23 de noviembre y durará hasta el 31 de este mes, en Waterloo (sí, sí, el de la batalla y el de la canción de Abba).

Y tres, que hay en estos momentos en Bruselas una expo de originales de Little Nemo, de Winsor McCay, y de dibujos en su honor hechos por un montón de dibujantes contemporáneos. Y esta noticia es la que probablemente volverá a aparecer por esta bitácora, comentada y analizada como se merece. Por cierto, y como siempre por si acaso, la dirección es Maison Autrique : Chaussée de Haecht 266 - 1030 Bruxelles y la expo estará abierta hasta el 8 de enero. Ya os contaré

6.12.05

A dónde vas, San Nicolás


Aunque no lo parezca por la de tiempo que hace que no los menciono, uno de los temas de cabecera de esta bitácora son los viajes. Viajes en tanto que aproximaciones a otras culturas, en tanto que experiencias vitales, en tanto que una de mis más frecuentes actividades. Viajes en tanto que viajes, vaya.

Y uno de los principales elementos de los viajes es el contacto con otras culturas y tradiciones (y da igual que el viaje sea al pueblo de al lado o a la Conchinchina). Desde que llegué a Bruselas hay una tradición belga (o eso creía yo) que me llama bastante la atención, y es la llegada cada 6 de diciembre (santa constitución en españa, como todo el mundo sabe) de San Nicolás.

Resulta que el bueno de Nico (lleva muerto desde el año 310 D.C., así que no creo que se vaya a molestar si le llamo Nico) fue el obispo de Myra, una ciudad en Asia Menor, es el santo patrón de los niños y escolares y se murió el 6 de diciembre, de ahí que hoy sea su fiesta. Además de todo eso, y conforme a una tradición que pervivió hasta la reforma protestante del siglo XVI, hacía una lista con los niños buenos y les llevaba regalos y otra con los niños malos y no les llevaba nada.

Me diréis que si la tradición pervivió hasta el siglo XVI como es posible que aún hoy la conozcamos y os respondo que esto es como los tebeos de Astérix: ¿toda la Galia ocupada? No, un pueblo resiste al invasor. ¿Una tradición totalmente desaparecida? No, la minoría católica de Holanda mantuvo la tradición. Y no sólo eso, sino que se la llevaron con ellos en el siglo XVII cuando fundaron Nueva Amsterdam en costas norteamericanas.

Nueva Amsterdam acabó convirtiéndose en Nueva York, y Sinter Klaas (Nicolás en Holandés) acabó transformado en Santa Claus... y aunque su fiesta siguió celebrándose el seis de diciembre, hubo una renegociación del convenio con los elfos y el reparto de juguetes y regalos pasó a ser el 24 de diciembre. Que ya me diréis vosotros, menudo delegado sindical tenían los elfos para hacer que hubiese que trabajar en Nochebuena, pero en fin...

Total, que la población neerlandófona de Bélgica acabó trasladando esa tradición a sus compatriotas francófonos y por eso en este país todavía es frecuente ver el 6 de diciembre (hoy, vamos) a montones de niños felices con chocolatinas y regalos berreando por las calles a pesar del frío. Y no sólo en Bélgica, sino en buena parte de los países escandinavos y algunas zonas de Francia y Alemania se mantiene esta tradición. Ah, y lo de que vaya de rojo y tal es culpa de Coca-Cola, que lo sepáis. Adoptaron a Santa Claus como reclamo publicitario en una campaña de Navidad de los años veinte y decidieron vestirlo de rojo y blanco por ser los colores de la marca. Y el resto, es historia.

5.10.05

Por si os apetecen unas vacaciones

A pesar de que a veces pueda parecer lo contrario, no sólo de tebeos, pelis, series de tv y libros vive el ser humano (por friki que sea) así que hoy incluyo varias direcciones que pueden resultaros útiles por si estáis preparando una escapada para alguno de los puentes de noviembre o diciembre (si es que los tenéis).

http://www.atrapalo.com

Es una página bastante interesante que incluye ofertas de viajes y también recomendaciones de restaurantes, descuentos en entradas de teatro y varias opciones más. Especialmente interesante si estáis en Madrid.

http://www.es.lastminute.com

Un clásico, posiblemente una de las primeras páginas de este estilo que conocí. No es de las mejores para mi gusto pero no está de más echarle una ojeada.

http://www.nobeltours.com

Ojo que esta es cara, pero pedazo viajes ofrecen. Tienen una calidad cojonuda.

http://www.terminala.com

El nombre de la página es Terminal A y es una de las páginas más de moda para buscar vuelos que están muy bien de precio. Bastante recomendable.

http://www.amadeus.net

Otra clásica. Hoy en día es mucho menos útil, sencilla y fiable de lo que fue en tiempos, pero viene bien para saber qué compañías (miembro de IATA, la asociación internacional de líneas aéreas comerciales, eso sí) cubren las distintas rutas. No encontraréis ofertas de Ryanair o Virgin ni de ninguna otra compañía de bajo coste, pero sí os podéis llevar alguna sorpresa interesante.

http://www.libertytv.net

Esta ofrece viajes bastante interesantes, pero con salida desde Francia, Bélgica o Luxemburgo. Avisados estáis. Ah, y la página se puede consultar en francés, inglés o neerlandés.

Ahora ya sabéis, a hacer las maletas... y no os olvidéis de enviarme una postal.

24.9.05

Chocolate, molinillo

Pues sí, hoy y por aquello de tener una deferencia para con este país en el que paso tanto tiempo, voy a hablaros de chocolate. Y no de un chocolate cualquiera, sino del que hacen en una confitería de la Place du Petit Sablon, en pleno centro de Bruselas, y de nombre Marcolini pese a no ser italianos.

Sé que va a sonar raro, pero en esta chocolatería son tan sumamente buenos que son capaces de hacer un bombón relleno de... aceite de oliva!!!! Y está tan rico que no paras de chuparte los dedos (y no precisamente porque acabes pringado).

En fin, que si venís algún día por estas tierras, los bombones de Marcolini son de lo último en chocolate... eso sí, a precio de oro. Por si se os hace la boca agua, aquí tenéis la dirección de la página web (en inglés, francés y nerlandés) en la que se incluyen hasta las últimas 'colecciones'.

http://www.marcolini.be

Charlie Wonka, échate a temblar...