4.11.05

Un nuevo Sherlock Holmes


No, no es que alguna editorial de iluminados se haya decidido a tratar de contactar con Conan Doyle mediante una ouija ni nada por el estilo, aunque casi. Resulta que un tal Jon Allenberg, el representante norteamericano del Doyle Estate (algo así como la fundación Doyle, propietaria todavía de algunos de los derechos del personaje), tuvo la feliz idea de recuperar al detective enganchado a la morfina y a su médico militar retirado favorito y encargarle a varios autores de relativo éxito que escribiesen nuevas aventuras de tan singular pareja.

Hasta ahí, todo perfecto. Puede gustarnos más o menos la idea pero es perfectamente lícito desde un punto de vista comercial que se quiera recuperar la gallina de los huevos de oro (al menos para la Fundación Doyle, claro está). Si encima la selección de autores no es mala y si resulta que los novelistas son fanáticos seguidores de las novelas de Doyle, la cosa promete bastante. El problema, en mi opinión, surge cuando además de todo esto se les impone una restricción más: tienen que ser novelas que traten acerca de aspectos sobrenaturales.

Es cierto que El Sabueso de los Baskerville probablemente sea la novela más famosa de Holmes y Watson, pero también es cierto que, a pesar del carácter fantasmagórico y de las apariciones y supuestos espectros que pueblan sus páginas, al final se descubre que todo tiene una explicación racional. Pero Holmes no se encuentra en sus aventuras con ningún espectro, así, a las bravas... o por lo menos no hasta ahora.

Carr es un autor de bastante éxito, historiador de profesión y autor entre otras de una novela llamada El Alienista que no está nada mal. Ambientada en la Nueva York de finales del siglo XIX, narra la historia de un asesino en serie y de los métodos que utilizan una serie de personajes (entre ellos un sicólogo, disciplina que estaba empezando a despuntar en la época, o el futuro presidente Roosevelt) para atraparlo. Un poco como un cruce entre CSI y los métodos del FBI pero hace un siglo, para entendernos.

Sir Arhtur Conan Doyle era un médico escocés de origen irlandés que creó al más inglés de todos los detectives inspirándose en los métodos de diagnóstico de un profesor suyo en la Universidad de Edimburgo. Al parecer el buen hombre tenía un ojo insuperable a la hora de ver todos los síntomas de un paciente y casi nunca erraba en su diagnóstico. Conan Doyle, cansado de que la mayoría de los detectives de las novelas (con un par de excepciones en la literatura francesa del XIX y en un par de relatos de Poe) resolviesen los casos gracias a una acumulación de casualidades o directamente por pura chiripa, creó al bueno de Holmes y sus métodos deductivos y el resto fue coser y cantar.

El caso es que 75 años después de la muerte del escritor, Carr presenta al público una novela medio de encargo en la que se nos narra una nueva aventura de Holmes y Watson y que se titula The Italian Secretary (aquí entre nostros y a falta de una traducción oficial del título, mi propuesta es El Secretario Italiano). Son casi trescientas páginas de novela, con sus puntos fuertes y sus puntos (muy débiles). Entre los primeros, desde luego, que Carr clava a Watson (al menos al Watson que yo recuerdo) en su forma de expresarse, de comportarse, de relacionarse con el mundo, y, aunque un poco menos, también a Holmes.

El diálogo entre personajes vuelve a ser el vehículo para explicarnos los vericuetos de la historia y resolver los enigmas, y el lector (éste por lo menos) vuelve a verse reflejado en el buen doctor. Es nuestro alter ego en la novela, y en ese sentido Carr se acerca bastante a Conan Doyle. O al menos lo suficiente como para que no chirríe el tratamiento de los personajes. Ahora, lo del relato ya es harina de otro costal.

Carr parece a ratos un poco perdido, como pez fuera del agua, y se pierde en disquisiciones que no llevan a ninguna parte, que igual que están podían no estar y nadie las echaría de menos. La acción avanza a trompicones y lo del fantasma me deja un poco frío, la verdad. No me imagino yo a Holmes así.

En fin, que no está mal, que la portada es preciosa, que me hizo recordar a los personajes que leí de niño y que a Carr le sale medianamente bien la imitación que hace de Conan Doyle. Pero no es una historia de Holmes. Me imagino que será lo mismo que diré si algún día se publica esa famosa historia inédita de Giraud en la que Blueberry se encuentra con fantasmas. Sí, se parecerá mucho, pero ése no es Mike S. Blueberry...

1 comentario:

Diego dijo...

Hola David

Totalmente de acuerdo en lo de darle una oportunidad, pero te recomendaría que finjas que lo del fantasma no existe, así gana bastante el libro. Y en cuanto a más nombres, la verdad es que no sueltan prenda, por lo menos de momento. Supongo que estarán esperando a ver cómo funciona este libro...